Ha sido tierra de toros. Muchas vacadas, de primera fila, han pastado de siempre en sus campos, especialmente en la dehesa extremeña –bellísima este invierno cuando llegaron las lluvias–, proceso que se ha acentuado en los últimos años, cuando se han aposentado en la región numerosas ganaderías de lidia, muchas de postín. Pero parecía que existía una maldición en cuanto a que a esta hermosa tierra le estaba negado que algún joven extremeño llegara a la cúspide del toreo. Mas nada es eterno y si primero Miguel Ángel Perera ya casi toca el cielo con los dedos, siguen su estela otros tres jóvenes toreros con grandes posibilidades. Israel Lancho, Santiago Ambel Posada y Alejandro Talavante acompañan a Miguel Ángel y, aún novilleros, lucen una sorprendente y gozosa madurez.
El legendario hierro de Carriquiri es una buena muestra de esa bonanza. Se asienta la ganadería desde 1988 en la finca “Vega de Hornillo”, a 14 kilómetros de Olivenza, en la carretera de Cheles, cuando el empresario Antonio Briones Díaz compró vacas y sementales de los Herederos de Carlos Núñez, Manolo González y Socorro Sánchez-Dalp, a las que agregó posteriormente reses de Alcurrucén, del mismo encaste Núñez. Ligados el ganadero y su hija María –representante de la ganadería–, por lazos de afecto a esta tierra, invitaron a su casa, en un gesto de generosidad que les honra, a los tres jóvenes toreros extremeños. Les encerraron nueve erales –tres para cada uno– y en una mañana radiante de sol pero fría, los tres, cada uno a su manera y cada uno luciendo una personalidad diferente, hicieron el toreo de cante grande. Con ellos estuvo 6Toros6.
Salvo uno de los erales, precisamente el último, todos ofrecieron buen juego con matices pero siempre en un tono de exigencia para los toreros. Tenían los novilleros que hacerles muy bien las cosas y así fueron sacando los animales su buen fondo. Lo mejor de todo es que fueron ideales para la preparación de los toreros, pues les hacían esforzarse y les hacían pensar. Nada de erales de carretón, pero sí animales agradecidos, que rompían a embestir, en varios casos con gran calidad. Como el primero de Lancho, el más noble de todos aunque le faltó humillar, como los dos primeros de Ambel Posada, o como el primero de Talavante, para concluir en cuanto a raza con el segundo de éste, muy bravo.
La constancia y las ganas de ser torero de Israel Lancho le sacaron del ostracismo. No le acompaña su excesiva estatura, más ante el novillo, pero su sinceridad es proverbial. Él se acepta, procura sacar de sí mismo lo mejor y mostrarlo sin engaños. El sentido del temple le distingue y el valor sereno es su acompañante. Su toreo es vertical y mandón. Le falta expresión pero él se busca a sí mismo. Intenta no retorcerse, lo que a veces no consigue cuando los astados tienen mucho motor. Pero hace el toreo con acusada limpieza, luciendo unas espléndidas muñecas y, con las faenas adelantadas, entra en el terreno del toro para ya no salir de él. Si ese toreo de acusada quietud es capaz de hacerlo ante el toro, este diestro podrá funcionar y bien. Se recreó ante los erales de Carriquiri.
Sin embargo, a Ambel Posada le sobra precisamente expresividad. Su toreo es de gran belleza. Lo es ya cuando se abre a la verónica, cuando se mece con el novillo, cargando la suerte. Después sabe poderles por abajo con mucho sabor. Tiene un defecto a corregir, cuando a veces da el toque brusco para fuera. Cuando no lo hace y cuando les deja la muleta puesta, su toreo luce porque se va con el novillo en el remate y la cadencia le acompaña. Luce una calidad que sólo poseen los elegidos, porque brota el toreo puro y cálido, muy inspirado, muy rematado. Como es excelso el que hace a dos manos, o los remates de las series, donde luce una gracia improvisada. Tuvo dos erales muy buenos, para sentirse con ellos, y el torero de Badajoz se sintió y los cuajó a placer de principio a fin.
El más reciente de la terna es Alejandro Talavante. Sobre este torero hay run-run. Se habla de él entre taurinos y aficionados. Todo lo bueno de este torero se pudo ver en la plaza de tientas. Su primero, altote y muy blando, a nadie gustaba. Era muy complicado, a priori. Pero la cabeza del torero funcionó a la perfección; había que enseñarle a embestir para lo que había que consentirle y, una vez que tomaba la muleta, llevarle largo y en línea, pues si remataba atrás en la espalda, adiós continuidad. Así lo hizo Alejandro y le hizo un faenón. A su segundo, que fue muy bravo, le hizo tres faenas en una. Primero le sometió y después las series eran largas en extremo, de hasta ocho muletazos, siempre la mano baja. El torero respondía magníficamente a la codicia del toro con un temple maravilloso y un trazo muy largo.
Si este diestro no se distrae, si sigue centrado en el toro y si aprende a matar, va a ser alguien en este mundo tan difícil pero tan bello. Tiene una gran cabeza y tiene valor. Aprende a marchas forzadas la técnica y tiene un espléndido concepto del toreo. Su colocación ronda la perfección. Engancha los novillos por delante y el trazo del muletazo es largo y profundo. Su toreo, muy puro y muy verdadero, más que expresivo, es muy emotivo, muy cabal, tal vez demasiado serio porque Talavante no hace ni se hace concesiones. Como además le acompaña la figura, muy reunida, es un gozo ver torear a este joven torero, a punto de cumplir 18 años, que, sin duda, causará sensación la próxima temporada, toda vez que aún no ha pisado las grandes plazas.
Extremadura, venturosamente, sí que es ya tierra de toreros. Porque además a Israel, a Santiago y a Alejandro, les puede seguir algún otro joven de la Escuela Taurina de Badajoz. Como Manuel Larios, por ejemplo.